Veintitres

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texto Diego Rojas
Febrero 2008

 

 

Buenos Gayres

LA REINA DEL PLATA ES LA CAPITAL SUDAMERICANA DE LA COMUNIDAD HOMOSEXUAL



La ciudad desborda de hoteles, agencias de turismo, boliches, revistas y hasta líneas de vino que apuntan al sector. La gesta de una revolución cultural. Boom del consumo y negocio: en 2007, 400 mil turistas gastaron 600 millones de dólares. ¿Con Macri cambia todo?

Por Diego Rojas
Buenos Aires fue, desde siempre, una capital gay. Pero esta característica, que define el estilo de la ciudad, permaneció oculta durante siglos. Basta recordar que Concolocorvo, un cronista de los primeros tiempos de la colonia, señalaba que los “indios pampas son sumamente inclinados al execrable pecado nefando”, eufemismo con que se llamaba a las relaciones homosexuales. O que, durante las primeras décadas del siglo pasado, los compadritos –esos malevos que definieron la cultura porteña con su look de pañuelo de seda al cuello, rostro maquillado y una estilizada postura al andar– eran acusados de afeminados porque practicaban el tango, baile nacional, danzándolo entre ellos. Entre hombres. Muchos años pasaron y –luego de épocas de profunda persecución, crímenes de odio y discriminación– la Reina del Plata asumió su rol de capital latinoamericana de la comunidad gay y exhibe, orgullosa, sus plumas al viento. Centenares de negocios cuelgan la bandera multicolor en señal de amistad hacia la comunidad gay, se inauguran hoteles dirigidos a hombres que aman a hombres y mujeres que aman a mujeres, una eclosión de turistas extranjeros elige la noche gay porteña frente a otras alternativas urbanas europeas y una gran cantidad de jóvenes –y no tanto– caminan tomados de la mano por las calles como nunca antes se habían animado a hacerlo. ¿Señales de los beneficios rentables logrados por algunos empresarios audaces o una revolución cultural que se viene gestando en la metrópoli más importante del país? Sea como fuere, sus resultados son bien visibles a los ojos de toda la sociedad.
“Toda sociedad necesita un tiempo para evolucionar y creo que estamos asistiendo a ese cambio”, señala Javier Ojeda, encargado de Chueca Resto Bar, un restaurante friendly que en los últimos meses inauguró dos sedes en Puerto Madero, que se suman a la que abrieron hace tres años en Palermo Soho. El nombre del restó evoca al barrio gay de Madrid y es una referencia para el sector más acomodado de la comunidad homosexual. Sin embargo, los locales de Puerto Madero son testigos de cómo oficinistas cool se cruzan con habitués del lugar a la hora del almuerzo. “Por las noches, la clientela se divide en un setenta por ciento de turistas extranjeros y el resto gente de la comunidad local. Pero la idea es no cerrarnos a un público gay. Por ahora, el mix sólo se produce a mediodía y nadie se sorprende o pone incómodo porque una pareja de hombres muestre su cariño abiertamente. La sociedad decidió entrar definitivamente en el siglo XXI y aceptar a los gays como personas semejantes a cualquier otra”, arriesga.
–¿No hubo reparos por parte de otros restaurantes a la instalación de este restó?
–Al contrario. ¡Los del sushi bar de enfrente están chochos! Chueca atrae a un público de alto poder adquisitivo.
Ojeda se refiere a una característica que cualquier entrepreneur aprecia: DINK son las siglas que definen las señas particulares de una pareja gay –Double Income, No Kids (doble salario, sin hijos)– que les permiten gastar de manera hedonista ingresos que una familia tradicional dedica a otras necesidades. La hiperpoblación de banderitas multicolores en los barrios vanguardistas de la urbe apunta a capturar el favor de este codiciado nicho de mercado. A diferencia de otras ciudades, Buenos Aires carece de un barrio único de la comunidad gay. Sin embargo, Palermo Soho y Hollywood y San Telmo se postulan como los vecindarios más amigables y así se difunden en las guías gay del extranjero que cuentan la vida de la comunidad porteña. El turismo gay vive una explosión que ayuda a constituir a esta ciudad como la capital latinoamericana para el sector. Se estima que durante 2007 alrededor de 400 mil visitantes gays recorrieron la ciudad y dejaron en sus arcas la nada despreciable suma de 600 millones de dólares, a razón de 1.500 dólares gastados por cabeza. “Es uno de los nichos de mercado que más ha crecido”, afirma Hernán Lombardi, ministro de Cultura y presidente del Ente de Turismo del Gobierno macrista. “Estamos redefiniendo el marketing para promocionar turísticamente a Buenos Aires e incluiremos al sector gay en la próxima campaña. Este público tiene una especial afinidad por la movida artística, cultural y por la noche porteña, ya que es una ciudad no discriminadora y con un nivel plural mucho más elevado que cualquier capital latinoamericana”, asegura. Carlos Meliá dirige Pride Travel, una agencia de turismo especializada, que experimenta un crecimiento sostenido desde su apertura hace cinco años. “La ciudad posee niveles superiores a cualquier capital europea o sudamericana. En Buenos Aires no hay un gueto sino que se puede visitar cualquier lugar con tranquilidad. No hay un circuito circunscrito a un barrio, como pasa con el Chueca madrileño, el Village neoyorquino o el Marais parisino. Eso da una idea que permite un disfrute mayor para el sector”, señala. Sin embargo, Meliá describe la inacción del Estado a favor de la promoción de la Capital como una ciudad amigable: “Los turistas llegan aquí debido a la difusión boca a boca y al esfuerzo que los sectores privados le imprimimos. Ni la Nación ni el Gobierno de la Ciudad hacen nada para este desarrollo, primero porque no se quieren involucrar y, luego, porque no saben cómo manejar este nicho de mercado, a pesar de que varias veces intentamos acercarles nuestro know how. Si no hay una promoción adecuada, apenas dejen de funcionar las ventajas cambiarias el favor del turismo internacional gay habrá terminado”, advierte. Meliá, de 33 años, es un empresario particular. Hace unas semanas fue elegido como Míster Gay Internacional –un equivalente de Miss Universo en versión masculina y gay– en un certamen que no sólo premió la belleza física de sus participantes, sino que tuvo en cuenta los aportes que ofrecieron a sus propias comunidades. “Claro que yo no soy el primer empresario gay, pero sí fui el primero en desarrollar una actividad del sector de forma abierta y sin ocultar mi elección de género”, comenta.
–Se podría pensar que los empresarios miran con prejuicios a un par homosexual.
–Yo trato con proveedores de todo tipo, desde hoteles hasta empresas de aviación. Tal vez hace cinco años era algo nuevo y mirado con recelo, pero hoy el nicho se consolidó y la gente de otras empresas me busca a mí más que yo a ellos. Por otro lado, no me siento a discutir mi vida y siempre fui prescindente sobre la aceptación o no de los otros. Yo presento un proyecto de negocio. Cuando ven las cifras, el entusiasmo borra cualquier prejuicio.
Prejuicios que seguramente debió enfrentar Germán Arballo cuando decidió constituir Buenos Aires Gay Winestore, la primera vinería gay del país, y lanzar Pilot, una línea de vinos dirigidos a la comunidad homosexual. Pero los venció y se lo nota exultante.
–Este año vendimos 10 mil botellas de cada varietal y el 2008 lanzaremos 100 mil botellas de cada cepa. Distribuimos nuestros vinos en los mejores restaurantes y hoteles. Para estos establecimientos de alto nivel, poner la banderita multicolor en la puerta es un gesto grasa. Por eso, tener nuestros vinos en la carta es un guiño que dice: “somos gay-friendly” sin tener que exhibirlo ostentosamente.
–¿No es autodiscriminatorio plantear que los vinos gay son diferentes?
–En la elaboración de los vinos privilegiamos sus características aromáticas sobre las demás, aparte de que fueron testeados permanentemente por miembros de la comunidad. Toda la producción del año pasado fue vendida, signo de que fue bien recibido. Además, nuestra winnery sólo expende vinos de alta gama y cuenta con más de mil socios. Ya hay lista de espera –concluye. Arballo también lanzó al mercado turístico la Friendly Card, una tarjeta que ofrece descuentos en más de 120 negocios amigables a la comunidad.
Se nota que a esta comunidad le gusta leer. Las recién aparecidas revistas Míster G y Guapo se caracterizan por no hacer hincapié en producciones fotográficas eróticas sino en notas que abren el espectro de la cultura homosexual. Imperio es la decana de las revistas comunitarias. Las tres se venden en los kioscos y suman una tirada de 25 mil ejemplares. A ellas se agregan las guías de servicios The Ronda –dirigida a un público joven y cool–, BAG o La Otra Guía –publicación precursora fundada hace o nce años– , que distribuyen gratuitamente 30 mil ejemplares. Entre estos medios hay que contemplar también la particular revista El teje, auspiciada por el Centro Cultural Rojas y que, escrita por travestis, tiene como objetivo llegar a este sector de la comunidad. Es necesario señalar que Argentina es el único país en el mundo que postula a una travesti, Florencia de la V, como una estrella del prime time televisivo y que con frecuencia es protagonista de las tapas de revistas de actualidad, más allá de su rol genérico.
Otro signo de la explosión gay en Buenos Aires se registró de la mano de la apertura del Axel Hotel, un hospedaje de lujo dirigido al sector que cuenta con su casa matriz en Barcelona.  “El colectivo gay siempre se definió por buscar las últimas tendencias. Por eso el ambiente es de diseño, un lugar cosmopolita en el que brindamos un servicio personalizado y de respeto”, asegura Santi Ruiz, gerente del hotel de 48 habitaciones con tarifas que oscilan entre los 230 y 355 dólares por noche. Sus propietarios están entusiasmadísimos con la llegada el 15 de febrero del Atlantis, un crucero gay de lujo.
El mismo entusiasmo mostraron los deportistas que impulsaron que Buenos Aires fuera la sede del Mundial de Fútbol gay, cuya victoria la obtuvo el equipo argentino Los Dogos, pero pronto sintieron el desánimo. El Gobierno de la Ciudad prestó las instalaciones del Parque Sarmiento para la realización del evento, pero no brindó otros apoyos y la prensa cubrió el certamen con un constante dejo de burla. “Es cierto que hay cambios culturales que permiten este momento para la comunidad gay, pero así como podemos caminar de la mano por la feria de San Telmo, a cuatro cuadras hay pintadas que dicen: ‘No a San Telmo gay’. Es un proceso contradictorio”, razona Luis De Grazia, de 30 años, coordinador del Área de Jóvenes de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) junto a Martín Lanfranco, de 26 años, novios desde hace seis años (“Antes de hacer la unión civil queríamos vivir un tiempo juntos y eso lo logramos recién el año pasado”, cuenta entusiasmado Martín). Un domingo, Veintitrés recorrió junto a ellos las adoquinadas callecitas del barrio del sur de la capital y nadie objetó, en una jornada poblada de turistas y vecinos en plan de paseo, a la pareja. “Es cierto, hoy los chicos se asumen mucho más temprano que antes, a los 13 o 14 años y no tienen problemas en enfrentar a sus padres si los objetan. Pero a la vez, los lugares que podemos transitar siendo maricas están muy ligados al circuito de consumo. Andá a caminar por o nce de la mano”, desafía. “Hace cinco años nos echaron del Burger King de Callao y Corrientes por darnos un beso en público. En ese momento nos quejamos e hicimos un escrache. Pero hace diez días unos chicos fueron a la CHA a denunciar que les había pasado lo mismo en ese local. Está bien, las cosas cambiaron, pero los prejuicios sobreviven”, se queja. “Queda pendiente profundizar el proceso iniciado con la ley de Unión Civil y equiparar los derechos al matrimonio, la adopción y la herencia para las parejas homosexuales”, dice convencido Lanfranco. Cuando se le preguntó a Lombardi qué opinaba sobre el matrimonio gay y la adopción de niños, dijo: “No hay que caer en ninguna provocación. La ley ya ha avanzado bastante y será el tiempo el que determine el ritmo de los procesos”. Suena violento que un ministro denomine como provocación el reclamo de equiparación de derechos que goza la mayoría heterosexual. “Hacen falta más cambios. A veces es cómodo ser un varón gay si la podés caretear un poco, pero no es la situación de las travestis, cuyo promedio de vida es de 35 años. Y ni hablar de las condiciones de vida en el interior, donde siguen existiendo edictos policiales que permiten perseguir a las minorías”, denuncia De Grazia.
“Hace una semana estábamos festejando los cumpleaños del mes cuando llegó una inspección que terminó clausurando nuestra casa”, cuenta Marcelo Surano, presidente del Club de Osos (ver recuadro). “Queremos que nos devuelvan nuestro lugar, en el que no le hacemos mal a nadie, sino todo lo contrario”, demanda Julio Medina.
–¿Qué son los “osos”?
–Somos hombres homosexuales a los que no les interesa el estado físico ni las modas. Somos en general gordos, peludos y pelados. Para nosotros, es como el refrán: “El hombre es como el oso, cuanto más feo, más hermoso” –ríe Rodolfo Peralta.
–Íbamos a los boliches y hacíamos la plancha. A veces el mundo gay tiene una mirada estética muy precisa y nosotros no encajábamos. Cuando empezamos a juntarnos, perdimos nuestros miedos. A mí me daba vergüenza mostrar la panza. Ahora no –afirma Surano.
–¡Ahora hay que pedirle que sea más pudoroso y no muestre más que la panza!–lo interrumpen.
–En nuestra casa nos juntamos a comer, tenemos una pileta, es nuestro lugar de encuentro –acota Peralta.
Y se encuentran todos: los osos chubbies, es decir, los obesos; los osos polares, que portan barbas y pelos bien canosos; los daddies, que rondan los cincuenta años, y los oseznos, los más jovencitos del grupo. Como se ve, una comunidad realmente diversa.
Además de los lugares más convencionales de la noche gay –conformada por más de cuarenta y cinco pubs y discotecas en la ciudad– existen otros sitios que muestran otras maneras de ser parte de la comunidad. Hace ocho años Lisa Kerner y Jorgelina Desimone fundaron Brandon, que comenzó como fiestas pequeñas en una casa en la que apenas entraban cien personas. “En los noventa, cuando era una adolescente, pensaba que éramos Sandra, Celeste, Marilina y yo y nadie más en el mundo lésbico. La movida gay era medio secreta. Después se afianzó, pero quisimos crear un lugar gay que cubriera nuestras expectativas a nivel estético y cultural”, recuerda Kerner. Hipermodernidad y música electrónica son las señas que caracterizan a las mil personas que asisten hoy a sus fiestas. “En el 2005 dimos un salto, después de Cromagnon no había espacio para realizar nuestras fiestas. Decidimos fundar la Casa Brandon, donde llevamos adelante una movida cultural: lecturas, recitales, ciclos de cine”, cuenta. “Nosotras lo consideramos como un espacio de militancia. Todavía es posible escuchar: ‘¡Lesbiana de mierda!’ si quieren atacarnos”, plantea Desimone. “A pesar de eso, hay que admitir que Buenos Aires es un microclima respecto a la aceptación de la diversidad en comparación con el resto del país”, interviene Kerner. Hoy también organizan las fiestas Maraca, que intentan agrupar a los habitués de Brandon con el público gay que asiste a las bailantas. “De eso se trata la integración”, señala Kerner.
Integración a la que apunta, desde identidades políticas muy distintas, la agrupación Putos Peronistas –que debutó en público durante la última marcha del orgullo– y los miembros de Carne Clasista, de inspiración trotskista. “Somos las mariquitas pobres que limpian el piso y cartonean. Somos las travestis que se matan estudiando para terminar de peluqueras. No es posible. Es necesario un cambio”, argumenta Matías Alozent, ligado a la izquierda K. “Estamos del lado de los pobres y de los putos. Vamos a luchar contra los burgueses por los derechos de los laburantes y también contra la opresión sexual que se da en el seno de la clase obrera”, esgrime Manuel Riveiro y remata orgulloso: “Y para quienes dicen que el trotskismo atrasa, en realidad es la única corriente que se plantea estos problema seriamente y con una perspectiva socialista”. Nuevas formas del activismo recorren con bríos la comunidad.
Más lejos de la militancia, los chicos Plop se quieren divertir. Y lo logran en plenitud. Cada fin de semana 2 mil adolescentes de hasta 23 años pueblan sus fiestas y se mueven al ritmo de Xuxa, Lía Crucet y otros íconos del pop más contemporáneo y descontracturado. Julio Ortega y Ezequiel Comerón coordinan los encuentros en los que invitan a los asistentes a disfrazarse de acuerdo a un tema cada vez. De hecho, un núcleo de chicos y chicas muy producidos realiza unas teatrales performances en el escenario durante la madrugada. Los Plop forman parte de la generación gay 2.0, tanto así que difunden sus eventos por medio de videos que cuelgan en You Tube. “A la gente de ahora no le molesta asumirse en el colegio o la facultad, ni frente a los profesores. Eso es lo lindo que le toca vivir a nuestra generación”, asegura Ortega.
Nuevos vientos soplan en Buenos Aires. La existencia humana en toda su plenitud, que no es una sino que se nutre de las infinitas posibilidades de la libertad, parece estar más cercana para una comunidad que padeció persecuciones y rechazos a lo largo de una historia de silencios. Hoy nadie los podría acallar. De cualquier manera, algunos sectores retrógrados reaparecieron envalentonados por la asunción de un gobierno de derecha. Sin embargo, no debería existir espacio para el desaliento sino, por el contrario, una perspectiva de ampliación de la obtención de derechos, cada vez más cercana. De eso se trata la madurez ciudadana. Sólo resta que los porteños defiendan y profundicen su lograda mayoría de edad.



Numeros
• 300 mil habitantes gays se estima que tiene Buenos Aires.
• 400 mil turistas extranjeros gay visitaron la ciudad en 2007.
• 600 millones de dólares gastaron .
• 400 mil botellas de vino gay Pilot serán lanzadas durante 2008.
• 1.000 socios tiene la vinería Buenos Aires Gay Winestore.
• 2.000 adolescentes concurren a la fiesta Plop cada semana.

Plasmar la realidad en la ley
Por Pedro Zerolo
En mi última visita a Argentina noté el cambio. Se convirtió en un país gay friendly que logró en poco tiempo ampliar los derechos de hombres, mujeres y homosexuales pero todavía le falta. Se pensaba que solo los países nórdicos iban a cambiar las cosas pero  Latinoamérica y Argentina en particular demuestran que apostar a la dignidad del pueblo es algo válido y que vale la pena festejar.
España lo hizo de un plumazo, de una sola vez fue capaz de reconocer la igualdad plena y estar en la vanguardia de los países que defienden la pluralidad, pero en Argentina se suma otro fenómeno que le permitiría ser pionera: el cambio lo puede realizar Cristina, que por su categoría de mujer entiende la discriminación que sufren los homosexuales, porque ella también tuvo que atravesar una gran lucha para llegar a la Presidencia. Apostar a la diversidad es la receta del éxito porque viene acompañada de un crecimiento cultural y económico muy importante, y este país sí que lo sabe.
En Argentina ha habido una confluencia de homosexuales de todo el mundo. Ahora solo resta que exista un gobierno valiente y capaz de reconocer la realidad y apoyar el cambio. La valentía es el secreto de la libertad y la igualdad. El problema es que el Poder sigue siendo machista, homofóbico y racista
Están los ultraconservadores y los religiosos que no quieren que las cosas cambien. La jerarquía de la Iglesia Católica es hipócrita porque jamás pidió perdón por las guerras y por las dictaduras que apoyó. Tienen que callarse de una buena vez y dejar de dar consejos. Tratan de convertir en delito lo que para ellos es pecado El cambio sólo puede hacerse desde el gobierno y el pueblo.
Los países que abanderan la diversidad prosperan y crecen económicamente. Estoy convencido de que lo que ha sido posible en España va a ser posible en Argentina: hay efervescencia y mucha visibilidad. Sólo hace falta plasmar la realidad en ley.

Una minoría caprichosa
Por Nora Guinzburg
¿Por qué los homosexuales se quieren casar? No lo entiendo. Ellos pretenden cosas que no son ni fueron creadas pensando en ellos y lo único que logran con sus reclamos es transformarse en una minoría caprichosa que quiere imponerse. En todas las sociedades gobiernan las mayorías con respecto a las minorías y ellos tienen que poder adaptarse a la realidad. Matrimonio viene del latín, de la palabra matris, que significa madre. Surgió con la necesidad de la herencia a los hijos y con el sentido de procrear y ellos tienen una discapacidad para tener hijos. No entiendo que haya un equipo de fútbol gay, no entiendo que tengan hoteles propios, no entiendo que quieran casarse. Lo que ellos piden es descabellado.

Homofobia
Por D.R.
Bill Gates no se equivoca: cuando se escribe “macrista” el corrector de Word reemplaza por “machista”. La homofobia del Gobierno ya era perceptible antes de su asunción. Ignacio Liprandi fue anunciado como el futuro ministro de Cultura del PRO, pero las declaraciones a Veintitrés en las que se mostraba a favor del matrimonio homosexual marcaron su destino: la Iglesia lo vetó y Macri y Michetti –que suele confesarse con el mismísimo cardenal Bergoglio– le bajaron el pulgar. Cinco días después de asumido el nuevo gobierno, el Club de Osos comenzó a ser visitado asiduamente por inspectores que llegaron a percibirlos por no tener una máquina expendedora paga de preservativos, cuando la institución los provee –y en grandes cantidades– de manera gratuita. El asedio culminó con la clausura del club, en medio de amenazas de identificar a los presentes para que después explicaran públicamente qué hacían en tal antro –práctica desterrada con la prohibición de los oprobiosos edictos policiales–. La casa de los osos continúa clausurada y con custodia policial. La última Marcha del Orgullo Gay, a diferencia de las antes realizadas, en las que hasta se les proveía del escenario y el sonido, no contó con ningún apoyo del Gobierno porteño y, por el contrario, tuvo que sortear varios impedimentos. La tradicional esquina gay de Santa Fe y Pueyrredón es testigo de cómo la Policía corre a los tarjeteros de los boliches y pubs de la comunidad, que desde hace lustros ocupan ese espacio. “Si sigue esta política, la próxima marcha del orgullo va a ser una manifestación masiva contra Macri”, desafía Luis De Grazia, de la CHA. Que se prepare.